






Emplazada en la exclusiva zona de Hacienda del Urubó, en Santa Cruz de la Sierra, la Casa P se concibe como una residencia de proporciones monumentales donde la arquitectura se convierte en un lienzo para el entorno tropical. Con 930 m² de construcción sobre un terreno de 1.200 m², el proyecto desafía la escala residencial tradicional para crear una experiencia espacial marcada por la fluidez, la amplitud y la sofisticación.
El diseño se articula en torno a una volumetría limpia y audaz. La fachada principal recibe al usuario con una gran cubierta plana que se extiende en un dramático voladizo, soportada por un elemento escultural curvo revestido en mármol. Este gesto arquitectónico no solo jerarquiza el ingreso, sino que enmarca una imponente puerta de madera de doble altura que marca el eje de simetría y transición hacia el interior.
Funcionalmente, la vivienda se organiza para maximizar la conexión con el exterior, respondiendo al clima cálido de la región. Al ingresar, un recibidor de doble altura, dominado por una lámpara de cristal y una escalera helicoidal de diseño milimétrico, distribuye los espacios. La planta baja se concibe como un gran espacio continuo y permeable, donde las áreas sociales se abren por completo a través de ventanales de piso a techo hacia el jardín posterior. Aquí, una piscina de borde infinito actúa como espejo y elemento de transición visual hacia el frondoso bosque que delimita el terreno.
La materialidad de la Casa P es un estudio de contrastes elegantes. La pureza de los paramentos blancos se equilibra con la robustez de los revestimientos de piedra oscura, la opulencia de los pisos de mármol de gran formato y la innegable calidez de los cielos rasos y detalles en madera natural. La iluminación arquitectónica juega un papel crucial, delineando los volúmenes puros y destacando las texturas, convirtiendo a la residencia en un hito luminoso cuando cae la noche.